martes, 13 de diciembre de 2011

Por qué adoro a un escritor mediocre

“Cuando pienso en cuántos obstáculos tiene que salvar el novelista, en cuántos escollos debe sortear, no me sorprende que incluso los más grandes autores sean imperfectos; lo que me sorprende es que no sean aún más imperfectos”.

WSM



Se han dicho muchas barbaridades de William Somerset Maugham. Lo pusieron a caer de un burro porque, según la crítica de su tiempo, trabajaba una prosa excesivamente diáfana, donde la metáfora normalmente brillaba por su ausencia. Su gusto por el orientalismo, en el que muchos vislumbraban una estética de souvenir, le granjeó todavía mayores enemigos. Pero lo que sin duda generó en torno a él mayor hostilidad, y sobre todo entre sus colegas del gremio, fue su condición de best-selling author. En los años 30 del pasado siglo no hubo nadie en literatura inglesa que pudiera hacerle sombra.


Pienso que Maugham vivió toda su vida de escritor azotado –que no atenazado- por los complejos. Aquella experiencia con los Literary Ambulante Drivers, el extravagante comando de conductores de ambulancia voluntarios de la Cruz Roja Británica que sirvió en Francia durante la Gran Guerra, y que juntó a talentos de las letras del tamaño de Hemingway o Dos Passos, debió pesarle siempre como una maldición, como una señal de que en aquel comando, igual que en cualquier liga, siempre hubo algunas flamantes estrellas y una serie de segundones, entre los que se encontraba él. Porque, pese a su éxito de ventas, pese a su rutilante vida como adaptador de guiones en Hollywood, pese a su proyección como dramaturgo, la crítica nunca lo trató bien. Representaba una forma de literatura sencilla, sin abalorios estilísticos ni rebuscamiento, con el foco siempre puesto en el drama, en la interacción de los personajes, todo un delito en una época de altos vuelos literarios representada por figuras hoy intocables como Faulkner, Joyce o Woolf. Como mucho, y gracias a monumentos incuestionables como Servidumbre humana o El filo de la navaja, sus dos novelas más célebres, quedó relegado a la condición de suplente y calientabanquillos de Hemingway, con quien guarda cierta similitud estilística.


El tiempo pasa y, para no hacerle un feo al tópico, pone las cosas en su sitio. Y si bien es cierto que los cuentos de Hemingway resisten con robustez el paso del tiempo, hay otras novelas del americano que no han envejecido tan bien. Un lector del siglo XXI encuentra en Maugham muchas cosas que lo distancian de la sombra de su referente. Para empezar, su ironía y fino sentido del humor. También, pese a lo excesos de exotismo de algunas de sus novelas viajeras, su buen gusto, su refinamiento como observador. Su habilidad en la construcción de diálogos, que pocas veces resultan forzados, y que sirven con habilidad a los objetivos de la trama. Su ritmo, gracias a la pericia técnica que se evidencia en manejo de recursos novelísticos como los “puentes” de transición entre capítulos determinantes y gracias a su capacidad para ensartar con el engrase idóneo las disquisiciones teóricas con la acción. Su buen pulso para el dibujo de personajes, hasta cuando tienen cierto cariz burlesco (pienso, por ejemplo, en Ashenden, su agente secreto, que inspiró nada menos que a James Bond). Podría estar enumerando durante muchas horas sin cansarme todas las bondades de la literatura de Maugham, pero creo que todas se reducen en realidad a un gran atributo: su competencia para el arte de novelar, entendiendo por ello su habilidad y conocimiento de todas las técnicas propias de la novela.


En el prólogo de su delicioso libro Diez grandes novelas y sus autores, Maugham (curiosa por cierto la preponderancia de su segundo apellido sobre el primero: en la mayoría de las librerías sus libros no se encuentran por la “S”, sino por la “M”) señala los ingredientes que a su juicio debe contener una buena novela. Imagino la cara que se les debió quedar a los críticos de mediados de los 50 al leer la receta. Porque no puede ser más básica, más elemental: primero, el tema “debe ser de interés perdurable”; “la historia –dice a continuación- debe ser coherente y persuasiva; ha de tener una presentación, un nudo y un desenlace, y éste último debe ser consecuencia natural del planteamiento”. En cuanto al arte de trazar personajes: “Lo ideal es que los personajes sean interesantes en sí mismos”. Sobre los diálogos: “Así como el comportamiento debe dimanar del personaje, lo mismo debe ocurrir con su forma de hablar. (…) El diálogo no debe ser desganado ni dar pie a que el autor manifieste sus opiniones; debe servir para caracterizar a quienes hablan y para contar la historia”. Y el ingrediente que más me conmueve, que él señala en último lugar aunque matiza que se trata de una cualidad esencial: “Una novela debe ser entretenida”.

Visto desde el prisma de un lector actual, algunas de estas directrices resultan algo obsoletas, sobre todo la referida a la estructura de una novela. Estamos hablando, no lo olvidemos, de un análisis planteado en el tiempo en que la novela como artefacto de entretenimiento y formato discursivo todavía conservaba, a pesar de las innovaciones propias de la época, toda su vigencia. Sin embargo, el resto me parecen totalmente plausibles, y pienso que resultan tan actuales como si hubieran sido planteadas hoy. Que las novelas cuenten cosas, que lo hagan con habilidad y que entretengan me parece algo que va por delante de cualquier otro tipo de consideración. Al menos a él le dio un excelente resultado. Y no me refiero sólo a sus obras “mayores”. Uno lee la novela corta o el relato extenso Lluvia y no puede sino sentir un puñetazo. Es un texto tan hermoso, tan sencillo, tan bien contado, que la sensación como lector es la de azoramiento. Imposible, pienso, no sentirse abrumado por su elegancia en contar un hecho tan horripilante y sórdido como el que esconde. Quizá por eso es un cuento que se utiliza habitualmente en talleres para formar a futuros escritores.

Hace no mucho, un editor bastante prestigioso me comentó que él distinguía entre la literatura que le gustaba y la que consideraba buena. Y que él mismo había editado a Somerset Maugham porque le gustaba, aunque objetivamente no lo consideraba un escritor “bueno”. En asuntos de literatura, nunca he sabido dónde está la objetividad. Si a uno le gusta, pienso, no hay nada que pueda hacerle ver que no es bueno, sobre todo cuando abordamos un asunto como la literatura, en la que el gusto está tan resabiado. Quizá lo que pudiera pensar el editor es que muchas veces Maugham parece un escritor excesivamente liso, poco brillante. Es un escritor de los que digo que “mira de frente”. Lo que implica tratar “de tú a tú” al lector. No pronuncia su discurso desde un púlpito, ni exhibe sus habilidades como un artista de circo para dejarnos con la boca abierta y el nudo en el estómago. Busca el contacto horizontal. En esto se parece a Hemingway. Y es lo que hace que uno establezca con el escritor una relación más bien afectiva.

Es difícil no querer a Maugham cuando te ha contado dos o tres historias. Quieres que te siga contando más. Un poco como ocurre con Benedetti, otro autor bastante denostado por buena parte de la crítica, o con Pío Baroja, aunque Baroja escriba infinitamente peor que el inglés. Pero son los escritores que al final hacen lectores. Lectores de verdad, para toda la vida. Porque esta literatura de mirada horizontal es la que soporta la mayor parte de la producción decimonónica y que a la postre ha resultado canónica para el género. Me refiero a las novelas de Austen, a las de las hermanas Brönté, de George Eliot. Son los libros de los que uno no quiere separarse, porque constituyen depósitos de ficción que operan como vidas alternativas de uno mismo: vidas a las que se siente muy cercano, que a uno le gustaría que nunca acabasen; vidas contenidas en libros que uno quisiera portar siempre como animales de compañía.

Lo confieso: como lector, probablemente sea Maugham mi modelo de escritor predilecto. Eso hace que me seduzca en todo momento, al margen de las circunstancias, independientemente del contexto. Hace dos o tres semanas, cuando me daba una vuelta por unos grandes almacenes en el receso del almuerzo laboral, me topé con un nuevo libro de Maugham que aún no había leído. Se trataba de Un extraño en París. Lo primero que pensé al ver el libro es que alguien tendría que colgar de los cojones al responsable del diseño de las cubiertas de la colección de bolsillo de Zeta: no se puede meter más azúcar en una portada. Pero este pensamiento duró poco: enseguida me vi aplastado por el deseo, y no titubeé entre el Menú del Día (costaba 8 euros) o llevarme a casa el libro. Aquel día no comí, pero por la noche me zambullí en el libro como si fuera mi primera lectura adolescente.

Una vez más, no me ha defraudado. Si sabes lo que Maugham puede ofrecerte, es muy difícil ya sentirse decepcionado. Cada lectura de Maugham es como una confidencia, una conversación a media voz, un diálogo repleto de chispa y de entendimiento mutuo. Amo la literatura supuestamente mediocre de Maugham, amo su concepción casi de orfebre de la novela, empatizo totalmente con su concepción nada elevada del escritor, y con su ambición, para muchos limitada, de construir buenos artefactos narrativos de ficción, donde exista una buena combinación entre entretenimiento y reflexión, siempre planteados con gracia, con mano diestra. Y siendo muy consciente, en todo caso, de que la perfección en torno a la novela es sólo un ideal, una pretensión vana, inalcanzable. Porque todos, empezando por los escritores, somos personas, y por tanto entidades bastante imperfectas. Y la mayoría -hablo por mí-, algo insufribles.

10 comentarios:

Begoña dijo...

Nunca leí a Maugham, pero en lo que dices de la literatura, yo tampoco entiendo en que se basa la buena y la mala literatura que tanto parecen distinguir los editores.
En mi opinión hay escritores malísimos que me venden por lo mejor, cuando lo que para mí es inmejorable ellos lo tachan de pésimo.
Me gusta la escritura diáfana, sin grandes laberintos ocultos en los que te terminas perdiendo y de mal humor. Me gustan los escritores que con sencillez saben adentrarte, acompañarte y sacarte de sus libros como si de un viaje apasionante se tratara.
Y lo siento por muchos editores, ya estoy muy mayor para cambiar, me encanta Mario Benedetti por ejemplo, y para mí es un grandísimo escritor. Creo que nuestra opinión también cuenta, aunque nuestra cuenta bancaria no se lucre de ella. O quizá por eso mismo.
Saludos

Anónimo dijo...

Daniel, William Saumerset Maugham tuvo la fortuna de no hacer DUALIDAD, vivio, penso y escribio SIN dualidad.
Raro es el escritor, el autor que logra transmitir su obra SIN DUALIDAD.

Sin embargo, "nevertheless", permite a mi el instinto del idioma de Ingles, SIN EMBARGO, Saumerset no transmitio algo como lo que tu has publicado, nunca Saumerset, al menos a mi, no ha conmovido, no ha sacudido? No ha estrujado mi cerebro como lo has hecho tu.
Si debo citar un ejemplo, sin dudas voy a Los Espejos son para Mirarse y otros son los escritos donde narras, transmites el TU, tuyo, tu TU unicamente tuyo.
El tu tuyo carnal, el tu nativo.
Nada a mi conmueve como lo que tu expresas de ti de tu TU tuyo. Somerset es parte de mi asignatura y su controversial obra para mis alumnos es controversia.
Imagina! un autor, un escritor que no hizo dualidad en aspectos de su vida. Lo tuyo, tu parte queda situada en algo superior a lo que Somerset transmite.
TU entras en lo carnal, entras en la sangre. Saumerset toca las orillas de tu carnalidad. No logra hacer el sangrar como lo haces tu.
No se si mi jodido Espannol lo expresa. Tu eres y transmites lo carnal, lo sanguineo. En Andalucia hay escritores artificiales, plasticos, falsos, repetitivos.
Tu eres sanguineo para nosotros, eres la carne, la sangre. ;->

Andima dijo...

He leído esa colección de ensayitos tan disfrutable, tan jugosa, de Maugham. A mí me gusta mucho también el epílogo, donde Maugham juega a imaginarse un encuentro entre los diez grandes escritores, tan exagerado y tan divertido, donde pinta, si no recuerdo mal, a Tolstoi como un salido; a Stendhal, Balzac y Flaubert como simpáticos y vulgares charlatanes; a Dickens como un invitado solícito y correcto; a Jane Austen como una ingenua; a Dostoievski y a Emily Brontë marginados cada uno en un rincón sin hablar con nadie, echando chispas por los ojos.

Sin embargo, esa idea de dar una importancia excesiva a que una novela sea entretenida me escama. En principio, oír a un autor decir que lo que busca principalmente es entretener me produce desconfianza y rechazo. Yo no necesito que nadie me entretenga; lo que busco es que me digan cómo soy, que se desnude a las personas, o que me fascinen, que me hagan soñar. Una novela que sólo entretiene se queda en nada porque se olvida, mientras que hay novelas que en absoluto entretienen, que han de conquistarse con esfuerzo y tesón, incluso que son pésimas, infumables y apestosas, como el Viaje al fin de la noche, que sin embargo podrían contarse entre las más grandes jamás escritas. El arte no existe, eso son tonterías que se han inventado los críticos y la gente fina para darse lustre; lo que existen son las personas, y lo que llamamos arte me sirve en tanto penetre a mayor grado en ellas, en tanto las descubra en la máxima profundidad posible. Aunque a día de hoy cierta ambición y la seriedad o incluso solemnidad están tan mal vistas que es difícil que un escritor diga que busca fascinar o desarmar al lector, a riesgo, no digo que sin razón, de quedar como un pedante o un pretencioso.

Ese desdén por Maugham también lo he percibido. Sabato, por ejemplo, lo menciona con una nota de desprecio en El escritor y sus fantasmas, precisamente al hilo de esto que comentamos, el entretenimiento como una pretensión vulgar. Maugham dice en la introducción a Diez grandes obras y sus autores que la función principal del arte es deleitar, y menciona también con un matiz de menosprecio a H.G. Wells, para quien la novela era un instrumento para educar a la gente, para exponer una moral. Lo que pasa es que la gente que escribe no es de fiar, o lo son sólo cuando uno tiene presente que son gente acostumbrada a decir la verdad mintiendo, y Wells, además de educar, deleita, lo mismo que Maugham, además de deleitar, educa. Del inglés sólo he leído algún que otro cuento, que no me llamaron la atención (me apunto el de Lluvia, que no conocía), pero he visto alguna película basada en sus novelas, como la de El filo de la navaja con Gene Tierney y Tyrone Power, o El velo pintado con Edward Norton y Naomi Watts (pido disculpas por citar las películas en lugar de los libros) y, si algo conservan del espíritu de las novelas, desde luego son historias muy moralistas, incluso groseramente moralistas.

A mí la visión de la literatura que más me convence, de estas que he comentado, es la de Sabato, que concibe la ficción como un ejercicio tremendista y patético, como una especie de exorcismo que ayuda a decir lo que de otra manera no se podría, que permite dar rienda suelta y alimento a la locura, la angustia y la soledad: una locura que ayuda a mantener la cordura.

Daniel Ruiz García dijo...

Andima, te recomiendo efusivamente "Servidumbre humana". Tienes que tener en cuenta que el cine de Hollywood siempre ha sido moralista, pero creo que las novelas de Maugham en general no lo son. O, al menos, no más moralistas que la mayoría de sus coetáneos.

Muy interesante lo que comentas del entretenimiento. Creo que la perspectiva de Maugham es más amplia: entiende entretenimiento en sentido muy extenso, como un goce estético del lector. De hecho, en su texto pone algunos ejemplos que muchos lectores del siglo XXI dudarían en colocar en la categoría de novelas entretenidas: Tristram Shandy o Los hermanos Karamazov, por ejemplo. A mi juicio, entretenimiento no implica facilidad, pero sí gracia y habilidad para contar.

Sí, el texto del final del libro de Maugham es un puntazo.

Begoña, yo también creo que Benedetti es un autor muy valioso, guardo un recuerdo entrañable de sus cuentos, y buena parte de su poesía, en su momento, fue bastante audaz. La Tregua es un libro muy agradable, como casi todas sus novelas.

Muchas gracias, K., te debo un envío.

Andima dijo...

Tengo el Servidumbre humana, el Soberbia, y no sé si alguno más, lo único que es como todo, a ver cuándo me pongo con ellos. Me temo que por ahora tendrán que esperar. De momento me he bajado lo de Lluvia, que tiene buena pinta; a ver si lo leo en estos días.

Sí, está claro que esa concepción suya del arte como deleite es muy amplia, y debe de referirse más bien a que debe proporcionar alguna clase de placer o fascinación al lector, ser algo que vaya más allá de una lección. De otra manera se contradiría con lo que sigue después; con, como dices, la selección que hace, cuya buena parte de escritores no parecen demasiado preocupados por deleitar, entretener, hacer algo bello al uso o ni tan siquiera escribir bien. Mete también en su lista, por ejemplo, la pavorosa Cumbres Borrascosas, que bien poco tiene de disfrutable o entretenida y sí mucho de terrorífica y alucinada; y está toscamente escrita e incluso resulta pesada. Una novela que un crítico de la época tildó, en mi opinión con gran acierto, de "obstinada y brutal" (juicio al que se cuenta que Emily respondió con una risotada cuando se lo leyeron), y de la cual otro dijo que sucedía en el infierno, a pesar de los nombres ingleses de los lugares. Una novela en las antípodas de lo que podría deducirse que parece decir Maugham en la introducción, y cuya autora hizo caer rendido a Bataille, que en La literatura y el mal intentó arrojar luz a las tinieblas: cómo una mujer muerta a los 29 años, de vida retirada, inocente y monacal, pudo pertenecer a esa escasísima estirpe de seres supremos, cuasi divinos, como el marqués de Sade o Dostoievski, que tuvieron el privilegio de estar en el infierno, volver y juntar el valor necesario para contarlo.

Anónimo dijo...

Daniel, puse las letras -a y u - en el apellido de Somerset, algunas familias usan el apellido Saumerset y de momento me fui a la a y la u.
Mi ocupacion no es tanto con la literatura, sino con aprendizaje del idioma y cuando mis alumnos son asignados leer a Maugham, iban a las librerias, "cuando habia librerias" y en algunas librerias Maugham era apellido menos familiar para los empleados de unas librerias, otros empleados inmediatamente ubicaban el apellido, el autor Somerset. Observe tambien que "cuando habia bibliotecas publicas" los bibliotecarios siempre ubicaban a Somerset y no frecuente a Maugham.
En estos dias he asignado a mis alumnos un escrito sobre algunas obras, pinturas de Ed Hopper.
Mis alumnos Europeos sienten inquietud relacionada con el estilo, la prosa, la metafora de sus escritos.
Mis alumnos Asiaticos no. Mis alumnos Asiaticos tienen mas de mi tendencia. Yo les pido mas que nada que SIENTAN lo que escriben, lo que van a transmitirnos con sus "essays" sus escritos. Muchas veces la sencillez de un escrito "estilo" -haiku- dice mas que 1000 palabras.
Mis alumnos Europeos sienten necesario siempre, siempre mencionar muchos autores, escritores, gente famosa en sus escritos y sienten que relacionar sus escritos con gente famosa es afirmar sus argumentos, sus mismos sentimientos.

Veo que yo siento de ti algo que he visto tus lectores no hacen alusion a esto. Cuando publicas algo MUY tuyo muy visceral, sanguineo tuyo, hay cero comentarios en tu blog. Lo tuyo el tu, lo personal tuyo es tema que no se toca en tu blog. Esto es raro para mi.
Pienso y atrevo a decir que yo siento, percibo los porque de tu atraccion a Somerset, a su obra Servidumbre Humana.
Por esto he dicho que sentir como sientes y escribirlo, juntarlo y transmitirlo, tuviste que nacer como naciste.
Con este "HUMAN BONDAGE" que es tuyo.

El titulo en Espannol no lo puedo ni sentir ni asimilar, no lo puedo diluir en mi cerebro y volvemos a caer en la perdida que efectuan las traducciones.
Somerset titulo su obra Human Bondage y en su obra efectivamente nos muestra la esclavitud integra en la que nacemos, nos ensenna la condicion humana con la esclavitud que hemos de vivir. Unos de mis alumnos no perciben esto porque han vivido vidas muy "sheltered" vidas burbujas, vidas donde ha habido poco sufrimiento, poca esclavitud y tambien algo de inconsciencia. Una expresion que decimos en este tema es : Ignorance is Bliss.
La ignorancia es un placer, un gozo. Y vivir la vida antes de los 35, antes de los 45 es muchas veces vivir en una burbuja, en estos annos no hay mucha nocion del Human Bondage existente. Seguro quien me lee ahora mismo ignora a lo que refiero.
Los Espejos son para Mirarse no necesita menciones de listas de mas pretension ni de Sabato ni Benedetti ni Hemingway ni mas de lo demas y cuanto impulso genero tu escrito?

Anónimo dijo...

Daniel, algo mas. Cuando asigno un tema a mis alumnos pido que lean la biografia del artista, el autor. Cuando algun alumno dice haber leido a Somerset M.
pregunto situaciones de la vida del escritor y mi alumno tiene cero nocion de su vida. Mi reto es lograr entonces que mi alumno LEA la biografia de S. M.
Es un reto grande hacer que el alumno lea biografias antes de.
S. Maugham debatio, combatio la esclavitud en la que como humanos demasiado humanos nacemos.
Una de sus citas, sus pensares sobre el matrimonio, la he puesto en la pizarra en mis clases y mis alumnos dependiendo del pais de origen la debaten o tratan de ignorarla. Esta es una de las citas de Somerset Maugham que puede incomodar.



A man marries to have a home, but also because he doesn't want to be bothered with sex and all that sort of thing.
W. Somerset Maugham

LM dijo...

Impresionante la contraposición entre lo que gusta y lo que "es bueno". ¿Cómo es bueno si no gusta, si no emociona, si no acompaña, si sus personajes no se quedan en la memoria? ¿Es que para ser bueno tiene que aburrir, o no gustar? Más aún: ¿es que la literatura es una ciencia con puntuaciones como las de "El Club de los Poetas muertos", independientemente de lo que el lector sienta?
Le hincaré el diente. Prueba con García Pavón. Por seguir con la terminología de aquí: me gustan, y mucho, y me divierten una barbaridad sus novelas policíaco-costumbristas.

Anónimo dijo...

.L M aunque no se si lo vemos igual, estoy contigo en cuanto a como algo puede gustar y NO ser bueno. En mi ocupacion, es comun recibir escritos donde lo hago claro, yo hago cambios en su gramatica, ortografia, su aprendizaje del idioma y al final atrevo a sugerir maneras, modales, estilo en la manera de expresar de mis alumnos. Mis alumnos mas jovenes llegan a los US ya casi siendo bilingues y esto les permite ser aceptados tanto en escuelas primarias elementales o la escuela secundaria, en ocasiones recibo alumnos que ya vienen aceptados en universidades y mi asistir es mas en la instruccion del Ingles local, con los Europeos el Ingles es mas de Inglaterra y aqui hacemos la parte del Ingles en los US.

Menciono esto porque un ejemplo interesante que comentamos fue uno de los titulos de los libros de Daniel, su libro PERRERA.
He aqui la arbitrariedad en todo y lo relativo en todo. El titulo PERRERA para mi tiene un significado TOTALMENTE distinto a si yo veo un libro titulado: KENNEL.
La palabra Kennel sig. PERRERA en Espannol. Ademas de meterme en detalles tan extravagantes como el que pense: Sera perrera? Sera perreria? porque no
PERRERO o perrerio? El personaje en Moro en entrevistas hechas a Daniel quienes lo entrevistan han publicado Hassan y otros han usado Hassam.
Para mi esto cambia el panorama, tan solo la ultima letra del nombre.
Si veo un titulo de libro como KENNEL, mi cerebro lo asocia con sentimientos fuera, aparte de mis sentimientos al ver un titulo PERRERA.

Asi caigo en este ambiente TODOS los dias y mi sorprender es como un alumno Oriental varia, difiere en todo de un alumno con la cultura Occidental.
Mis alumnos de culturas occidental tienden a empezar oraciones, expresan algo usando CONJUNCIONES, "connectors" y para mi esto es un sentir complicado porque siento que lo que estan expresando, transmitiendo me va a apagar me perdere en mi misma sensibilidad.
PERO, cuando termino de leer su escrito (essay) en veces empiezo apagado una oracion al leerla y al terminarla comprendo, puedo sentir lo que mi alumno esta intentando expresar, comunicar. Quedo en conmocion alta.

Anónimo dijo...

Es asi que sus escritos, sus "essays" no son "buenos", y para mi los adjetivos - bueno y malo - estan fuera de mi ocupacion.

Siempre digo a mis alumnos que usemos otros adjetivos en mis clases. Pido que usemos la palabra -cambio- pido que usemos la cerebralidad de la SENSIBILIDAD. Propongo, sugiero a mis alumnos que en mis clases la palabra -error, errores- no existe.
Preguntan si hay errores en sus escritos y aclaro que no hay errores. El error seria NO tratar, no intentar, es el unico error.
Solo menciono tambien esto porque cualquier libro que vemos publicado tiene la iniciativa del intento, del hecho de hacer la hacedura que otros no intentan.

En Espannol uso mas palabras para expresar algo que en Ingles seria tal vez un solo parrafo.
L M puedo estar contigo en lo que expones de esto : ¿Cómo es bueno si no gusta, si no emociona, si no acompaña, si sus personajes no se quedan en la memoria? ¿Es que para ser bueno tiene que aburrir, o no gustar? Más aún: ¿es que la literatura es una ciencia con puntuaciones como las de "El Club de los Poetas muertos", independientemente de lo que el lector sienta?

Refiero en mi concepto a la arbitrariedad de que es bueno y que sea malo. Mencione que Garcia Marquez y Vargas Ll. a mi me duermen.
Como se "hicieron un NOMBRE" son considerados buenos, reciben premios, son gente que se acomodo con Gente de $$$$
Bukowski en los US es casi irreconocible, no se comenta, no es considerado BUENO, en Europa SI es.
Aqui si mucho lo es en la costa NORTE del Pacifico, para mi el es como lo fueron y los hay muchos mas escritores que tienen una sensibilidad mas aguda que mismo Bukowski, hablo de mi sentir con el sentir de B. Vivi esa etapa del final del efecto B. y habia hay mas escritores, autores que estan en casi anonimato.
B. es del monton de aquellos que hubo en aquellos annos. B. tiene, tuvo lo suyo pero hay muchos MAS con un enfasis en sensibilidad distinto.

Soy mas sensible y conmovido con entradas, comentarios, cosas que he leido tan solo en el blog de Daniel Ruiz y cuando el expresa algo personal, su blog tiene cero comentares o si mucho 1 o 2. Quedo en lo relativo y arbitrario de lo que sea bueno o malo. Pienso que la literatura mas que ciencia debiera ser calibrada con la posibilidad de la sensibilidad. No es matematica o matematicas para mi.
Daniel hizo una observacion del cine de Hollywood y su observacion es verdad, el cine DE Hollywood es moralista.
Y una mayoria de gente en los US tiene cero nocion de esta moralidad en el cine DE Hollywood. El cine de Hollywood tiene mucho fundamento en la tradicion cristiana, igual la literatura de los US. Considerado para unos BUENO para otros como yo, relativo. ;->