lunes, 20 de junio de 2011

El último maldito del rock andaluz


Se nos ha ido nuestro Jim Morrison. En esta pequeña California que es Andalucía, Rockberto González, líder de Tabletom, representaba el espíritu de la música rock ejercida como acto de libertad puro, sin ataduras ni concesiones a lo correcto, bajo el único criterio de la expresividad. Silvio amaba demasiado a Elvis y tenía espíritu de Teddy Boy. Por eso, por encima de sus desbarres y ocurrencias, nunca ejerció una actitud verdaderamente punk. Roberto González era el verdadero punk del rock andaluz: no hay más que darse un garbeo por el seminal disco Mezclalina o por Inoxidable para darse cuenta de ello. Mezcla imposible de patriarca gitano y de Frank Zappa, sus conciertos se convertían en auténticas performances donde la (buena) música se combinaba con la poesía y el disparate. No le interesaba el dinero, sólo tener cerca una buena provisión de costo y gente dispuesta a escuchar. Su grito es una especie de Primal Scream pasado por la trituradora de Camarón. Son berridos que llevan el quejido flamenco al terreno de la suciedad, creando un ruido tremendamente macarra. Después están sus letras, algunas de ellas de enorme altura poética, y que discurren con naturalidad por terrenos costumbristas, sembrando el espacio sonoro de aires lisérgicos, con un pie en Valle-Inclán y otro en García Lorca. Y por último, la música, ese estilo inconfundible de jazz aflamencado, no apto para oídos cómodos, lo que los enemistó de por vida con las audiencias masivas, al contrario de otros colegas de su generación que corrieron mejor suerte como Veneno o Pata Negra.

Quiso la suerte que Tabletom se abriera al gran público gracias a una versión a cargo de Extremoduro de uno de sus temas más mediocres y anecdóticos. Pero Me estoy quitando no deja de ser una pincelada burda de un ingenio que alcanzó altas cotas creativas. Resulta difícil escuchar temas como Tipos duros, Ininteligible, California, El Vampiro o La parte chunga sin sentir el pellizco. Detrás estaba Rockberto, el último maldito del rock andaluz, que ya descansa en el Panteón de las Leyendas Sureñas junto a figuras como Silvio, Julio Matito o Jesús de la Rosa. Feliz inmortalidad tengas, maestro.

(Publicado el día 19 de junio en El Correo de Andalucía)