miércoles, 18 de mayo de 2011

Se vende rebelión

Se vende rebelión a precio módico. Tanto en formato individual como en packs de 6. Ahora, con la oferta, te regalan dos. El envase es customizable: anarquista, antibipartidista, antisistema, pacifista, progresista. El producto ha superado todos los controles de calidad conforme a la norma ISO 9002. Está pasteurizado, a salvo de infecciones y sobre todo de malas digestiones. Aunque es adaptable a las exigencias y eslóganes individuales, el sabor es idéntico: sabe a libertad, a Plaza Tahrir pero en formato occidental, con muchas tiendas bien cerca, la calle Preciados bien a mano, todo puro confort. Su consumo no es incompatible con los hábitos estupefacientes. Y eso sí, todo muy pacífico: nada de levantar la mano, nada de escupir. Buenas maneras, buena educación, saber estar.

El sabor tarda en olvidarse. Se recuerda durante muchos años. Su densidad romántica favorece la expansión de los afectos. Se viven historias, se establecen nuevas relaciones. Cuando pasan 10, 20 años, el consumidor aún recuerda aquel momento. Lo revive mientras introduce aburrido códigos en su ordenador, o intenta aligerar papeleo en su oficina al tiempo que ve pasar los grupos de jóvenes por su ventana, o se dirige en un taxi de camino de una nueva reunión.

Se vende rebelión, a precio módico y con propiedades organolépticas inigualables. El sabor se disuelve en la lengua con emoción. Es un caldo grandilocuente y solemne cuya fórmula es tan antigua como conocida: banderas, eslóganes, pintadas, comunión, alegría. Jugar a que se está al borde del precipicio, flirtear con el vértigo, pero siempre hasta el límite que marca la raya de tiza: a la hora de la cena, después del fin de semana, hay que regresar a casa. El producto también es del gusto de los políticos, se hacen fotos con él, lo toman por la mañana con el desayuno, se disputan su autoridad, pretenden fagocitarlo, convertirlo en su propio patrimonio. No hay ningún problema en esto: si por algo se caracteriza la sustancia, es por su flexibilidad y adaptabilidad.

Compre esa rebelión, adquiérala pronto, no tardará en agotarse. Pero no se le ocurra dirigirse al otro stand. En ese otro stand, el producto tiene una apariencia infame, monstruosa. El sabor no es nada agradable, hace daño en el estómago, provoca naúseas, se puede morir con la ingestión. No sé cómo no lo han retirado del mercado, no debe estar en el mercado, no pertenece verdaderamente a él. Nadie quiere eso, todos queremos seguir teniendo el suelo bajo nuestros pies, sentir nuestras pisadas, contarlo a todo el mundo al regresar a casa. Es importante no abandonar la perspectiva lúdica, al fin y al cabo todos somos demócratas: empieza a ser peligroso cuando deja de ser un juego.

4 comentarios:

Martín Sotelo dijo...

Bravo! Te hago un plagio y pongo tu enlace en mi blog y en el facebook...

Abrazo fuerte!

Por cierto: ¿te veremos este año por la feria del libro de Madrid?

Daniel dijo...

Y sin embargo se mueve, que diría un florentino.

Porerror dijo...

Enhorabuena, Dani! Pedazo de reflexión. Yo todavía no logro posicionarme, tío.

Daniel Ruiz García dijo...

Gracias. No, Martín, este año no subiré: me conformaré con la Feria de Sevilla. Donde, por cierto, tiran mejor la cerveza.

Ya he metido tu blog entre mis blogs de consulta.